Hacía un montón de tiempo que no abría mi blog, vamos, que ni me acordaba de que lo tenía. Releo alguna entrada y, francamente, se me retuerce la barriga, no me identifico con ellas en absoluto. Es más, no entiendo como las escribí ¿tenía algún tipo de síndrome del dedito tonto?, no se, el caso es que llevo más de una hora tratando de eliminar este blog y no puedo, no se o no se puede en general. Es como la vida misma "a lo hecho, pecho". Aunque borro las entradas ya no hay remedio, alguien las habrá leido, ufff, ufff, ufff ¡qué vergüenza!.
Bien, esto me pasa muy a menudo, escribo, releo, pero luego estoy en otra etapa de mi vida y nada se parece a la persona que era antes, por consecuencia, nada se parece a esos pensamientos. Lo malo es que ahora entiendo por qué muchos amigos míos no entran en este tipo de juegos. Todo puede cambiar de la noche a la mañana. Ayer me preocupaba por bobadas, hoy por si comeré mañana. Trataré de borrar todo rastro mío en Internet, pero mientras tanto que sirva de aviso: algún día, si escribes un pensamiento en papel, como si lo escribes en el ordenador, comprenderás por qué algunas personas te miran con recelo. Sabiendo que aprendemos día a día, no deberíamos dejar este tipo de rastros.